(abstract)
La psicología de Alfred Adler (Psicología Individual o Psicología Adleriana) tradicionalmente se considera una escuela psicoanalítica o "profunda". Sin embargo, tiene mucho más parecido con enfoques cognitivos más modernos, por la importancia que asigna a las cogniciones como mediador de la conducta. Además, se puede considerar un enfoque constructivista. En el presente artículo se da una definición de psicoterapia constructivista y se muestra como la teoría adleriana encaja en esta metateoría. Las implicaciones para una fertilización mútua respectivamente una integración teórica serán discutidas al final.
The psychology of Alfred Adler (Individual Psychology or Adlerian Psychology) tradicionally is thought a psychoanalitic theory. Nevertheless, there are many more similarities with more modern cognitive approaches, due to the importance which is given to cognitions as mediators of behaviour. But it can also be considered a constructivist approach. In this article a definition of constructivism in psychotherapy is given and it is shown how the Adlerian theory fits in. Finally, implications for cross-fertilization or theoretical integration will be discussed.
Alfred Adler, un neurólogo vienés, empezó su trayectoria psicoterapéutica como colaborador de Freud en 1902, pero se desmarcó pronto del psicoanális con la publicación de su estudio psicosomático sobre la minusvalía de los órganos (Adler, 1907/1977). Adler es el fundador de la Psicología Individual, una de las tres escuelas psicológicas denominadas "profundas" o psicoanalíticas (las otras son las de Freud y Jung). En vez de Psicología Individual, sus discípulos anglosajones prefieren la expresión Psicología Adleriana para evitar el concepto ambiguo de "individual". Con la expresión "Psicología Individual", Adler no se refería al hecho de tratar a una persona en vez de un grupo o familia; más bien quería expresar su concepción de que el ser humano es indivisible (in-dividuus), una unidad, una totalidad, y no dividido en instancias, como pensó Freud (Adler, 1912/1977). Adler (1911/1973) también rechazó completamente la teoría de la sexualidad de Freud, manifestando que los seres humanos tienen sexualidad, pero no son dominados por ella; al contrario: la persona puede utilizar el sexo para conseguir determinados objetivos, y el complejo de Edipo, según él, sólo es el intento de un niño excesivamente mimado para conseguir poder sobre sus padres, por lo tanto, este fenómeno en un niño normal no existiría. A partir de aquel momento empezó a desarrollar su propia escuela psicológica y psicoterapéutica, bien distinta de la de Freud, pero conservó unos elementos esenciales que hacen que su orientación todavía sea considerada por muchos una psicología profunda:
1. la suposición de un inconsciente
2. la importancia que se otorga al pasado, concretamente a la infancia, para la formación del carácter i las actitudes frente a la vida
3. la necesidad de hacer un psicoanálisis ("análisis del estilo de vida", en términos adlerianos) como base de un proceso terapéutico eficaz y un cambio estructural de la personalidad; para una mera orientación psicológica (counselling) no siempre se practica tal análisis, dado que aquí sólo se intenta orientar al cliente para la solución de problemas concretos y no para el cambio profundo de la personalidad. Pero se supone que sólo con un análisis (interpretación) de los recuerdos de la primera infancia se tiene acceso a los procesos relevantes para el trastorno; de hecho, durante su formación de psicoterapeuta (y counsellor) adleriano, el candidato se ha de someter a un análisis didáctico.
A pesar de estas nociones y prácticas históricas que a primera vista asignan a Adler un sitio al lado de Freud y Jung, considero que el enfoque de Adler queda mucho más cerca de terapias más actuales. En este trabajo se intentará demostrar que la Psicología Adleriana es una teoría psicológica cognitiva y constructivista. No se pretende dar una presentación exhaustiva de la teoría y la psicoterapia adlerianas, sino se comparará la visión epistemológica (muchas veces no explícita) de Adler con la epistemología constructivista y se destacarán los conceptos básicos comparándolos con conceptos de teorías cognitivas y constructivistas. Aparte de las (pocas) traducciones de las publicaciones alemanas de Adler al castellano, se encuentra una excelente y exhaustiva presentacion de esta teoría en lengua española en el libro de Titze (1979), y, más corta y concisa pero también muy completa, en la publicación de Dinkmeyer y Dinkmeyer (1988).
Concebir la Psicología Adleriana como una escuela cognitiva no es una idea nueva. Shulman (1985) p.ej. presenta a Adler como el primer terapeuta cognitivo. Mosak (1989) comenta la proximidad conceptual entre las ideas de Albert Ellis y de Alfred Adler, y Dinkmeyer y Dinkmeyer (1988) destacan que Adler era uno de los primeros en manifestar que la conducta humana puede cambiar si se modifica el sistema de creencias y cogniciones. Según estos autores, Adler es el predecesor del análisis transaccional de Berne, de la terapia racional-emotiva de Ellis, la terapia cognitiva de Beck y la de Meichenbaum. La conducta y las emociones son en alto grado dependientes de las cogniciones, suposición que mantienen todas estas teorías. Para Freud, el ser humano es víctima de sus emociones; Adler, en cambio, pretende que las emociones se pueden crear y controlar mediante las actitudes y los pensamientos. En la terapia adleriana se parte, igual que en otras orientaciones cognitivas, de la base que el paciente tiene una visión equivocada o errónea acerca de sí mismo y de su entorno, y el objetivo es que el paciente adquiera insight sobre estas "apercepciones tendenciosas" (tendenziöse Apperzeption) mientras el terapeuta lo anima y motiva para que gane confianza en sus propias capacidades y habilidades. Esta técnica terapéutica se llama Ermutigung (encouragement, alentamiento). Al sistema de cogniciones y la particular manera de cada uno de percibirse a sí mismo y el mundo y de organizar estas percepciones para entender, controlar y anticipar acontecimientos y acciones, Adler lo llama "estilo de vida" (Lebensstil, a veces también private Logik, lógica privada). Se forma en los primeros años de la vida, por lo cual, el psicoanálisis adleriano, que pretende llegar a conocer el particular estilo de vida de cada uno, consiste en interpretar los primeros recuerdos de la infancia del paciente para descubrir los contenidos "inconscientes" de la mente.
Llegados a este punto, conviene aclarar la concepción del inconsciente de Adler. Mientras para Freud, el inconsciente consiste en contenidos reprimidos, los cuales se han de sacar a luz para facilitar al paciente una "catarsis", para Adler estos contenidos son inconscientes, porque se formaron en el niño en una época pre-lingüística, y afirma:
Hasta aquí la definición de la Psicología Adleriana como enfoque cognitivo. Pero en este artículo se pretende ir más allá; concebimos esta teoría como constructivista. Pero mientras para demostrar que la Psicología Individual es cognitiva, basta con mostrar las similitudes conceptuales básicas, el caso del constructivismo es diferente: se trata de una metateoría con marcado acento epistemológico. Por lo tanto, para presentar la Psicología Adleriana como teoría constructivista, es necesario elaborar primero qué entendemos por la epistemología constructivista y luego averiguar si en Adler se encuentran estos criterios.
Existen ya varios intentos de enfocar la Psicología Adleriana como teoría constructivista. Pero mientras algunos constructivistas le dedican a Adler un mero reconocimiento histórico a título de comentario (p.ej. Mahoney, 1991), algunos adlerianos han intentado comparar las dos orientaciones de manera más detallada en sus publicaciones, incluso con el objetivo explícito de buscar un fondo común para el diálogo (p.ej. Master, 1991) sin llegar a una definición clara del constructivismo y limitándose a la comparación de Adler con conceptos de determinadas líneas constructivistas.
El constructivismo es una postura epistemológica que tiene raíces en el criticismo de Kant, y su postulado básico implica que es el observador quien áctivamente construye el conocimiento del mundo exterior y que la realidad puede ser interpretada en distintas formas (Feixas y Villegas, 1993). Esta postura fue implantada por primera vez en psicoterapia por Kelly (1955/1991) con su teoría de los constructos personales. Hoy por hoy hay diversas teorías que se acogen bajo el techo metateórico común del constructivismo, pero no todos los autores tienen la misma idea de lo que significa una terapia constructivista.
Michael Mahoney (1988) p.ej., define la psicología constructivista como una familia de teorías que comparten la idea de que el conocimiento humano conlleva la participación activa y proactiva del individuo, y destaca tres elementos básicos del constructivismo: la cognición proactiva, la estructura nuclear morfogénica y el desarrollo auto-organizado. Con el concepto de cognición proactiva, Mahoney se refiere al hecho de que el individuo no es meramente reactivo a los estímulos de su entorno, sino co-creador de sus "realidades" subjetivas. Con "estructura nuclear morfogénica" Mahoney quiere expresar su idea de que el ser humano está organizado de manera que sus procesos centrales ("núcleo") determinan y restringen las formas en los niveles periféricos, mientras "desarrollo auto-organizado" se refiere a la capacidad del individuo de organizarse a sí mismo de manera que pueda proteger y perpetuar su integridad en base de procesos de atención y retención selectiva. Seguramente encontraremos estos conceptos en diferentes enfoques constructivistas, pero no se trata de criterios propiamente epistemológicos. Además, según Botella (1995), esta definición de Mahoney, es en sí misma una teoría (constructivista), pero no una metateoría constructivista que nos pueda servir de guía sobre si un determinado enfoque se puede considerar constructivista o no. Siguiendo a Botella, una metateoría tiene que incluir enunciados sobre la naturaleza del conocimiento y los valores epistemológicos. Para este autor, la metateoría constructivista pretende que el conocimiento es una construcción hipotética; Botella contrasta esta posición con la concepción tradicional objetivista de un conocimiento como representación de la realidad. Como valores epistemológicos constructivistas, Botella destaca primero el valor pragmático de los contenidos del conocimiento, su eficacia predictiva, viabilidad y fertilidad, y segundo su coherencia en el sentido de consistencia interna y externa.
Chiari y Nuzzo (1996) también critican este concepto de Mahoney de que el constructivismo en psicoterapia comprende la idea de un individuo proactivo, diciendo que es un concepto tan amplio que puede comprender enfoques tan disparos como orientaciones humanistas, las teorías de Jung y Adler (sic!) y otros, sobre todo psicoterapias cognitivas. Estos autores hacen una revisión crítica de diferentes enfoques autodenominados constructivistas o construccionistas (usamos aquí las dos expresiones como sinónimos, aunque no todos los autores lo hacen) y proponen:
Otro autor (Ibañez, 1992) se pregunta en un artículo deliberadamente polémico, cómo no se puede ser constructivista hoy en día, y ataca lo que llama la "ideología de la representación" de la Modernidad con sus "cuatro potentes mitos": el del conocimiento como representación correcta y fiable de la realidad, el del objeto como elemento constitutivo del mundo, el de la realidad como entidad independiente de nosotros, y el de la verdad como criterio decisorio. Según Ibáñez, para una perspectiva verdaderamente construccionista, es indispensable romper radicalmente con estos mitos, sobre todo con el de la verdad. Evidentemente admite que el construccionismo tampoco es más verdadero que las demás alternativas. Al criterio de la verdad opone, como muchos otros autores constructivistas, el valor pragmático, el valor de uso.
Los diferentes autores hasta aquí citados, además de su visión del constructivismo, difieren en su noción de lo que puede ser el paradigma epistemológico opuesto. Algunos contraponen el constructivismo a lo que llaman "realismo" (Scott, Kelly y Tolbert, 1995); Mahoney y Gabriel (1987) distinguen psicoterapias cognitivas constructivistas por un lado y psicoterapias cognitivas "racionalistas" por otro; Ibáñez (1992) contrasta el construccionismo social nacido en el seno de la Postmodernidad con la epistemología positivista como legado de la Modernidad. Botella (1995), Feixas y Villegas (1993) o Neimeyer (1993) prefieren la dicotomía constructivismo-objetivismo. De hecho, el realismo, como doctrina que mantiene que hay cosas reales independientes de la conciencia y cuyos fundadores más destacados fueron Descartes, Hobbes y Locke, es más bien una cuestión ontológica y no epistemológica. En este sentido, el realismo está en oposición al idealismo que afirma que no existen cosas reales independientes de la conciencia (posición p.ej. de Berkeley). Hay autores constructivistas que asumen la existencia de una realidad independiente del observador y los que no (p.ej. Maturana, 1988), según su "radicalidad" (Feixas y Villegas, 1993; Botella, 1995), pero el constructivismo como epistemología no debe pronunciarse sobre la existencia de la realidad, sólo sobre su cognoscibilidad. En tanto a "racionalismo", en su sentido estricto, este término se refiere a la doctrina que es la razón la fuente principal del conocimiento, en contraposición al empirismo que considera la experiencia como único origen del conocimiento (Hessen 1926/1991). Según Hessen, el conocimiento implica una relación entre el sujeto y el objeto, y se pregunta, si en esta relación es el objeto que determina al sujeto o al revés. Sin decir nada sobre el carácter ontológico del sujeto y del objeto, este filósofo alemán explica que según la doctrina del subjetivismo, el conocimiento queda fundado en el sujeto, mientras para el objetivismo el objeto es decisivo en esta relación: El objeto determina al sujeto. Por esta razón nos parece más correcta la dicotomía objetivismo-constructivismo como dos contraposiciones epistemológicas.
Después de estas consideraciones terminológicas, podemos ahora llegar a un consenso de lo que consideramos constructivismo en psicología, y estamos de acuerdo con Chiari y Nuzzo (1996) que proponen llamar constructivistas sólo estas teorías que más allá de la antítesis realismo-idealismo asumen que el mundo no es cognoscible directamente, sino que se construye. Además, nos acogemos a los criterios de distinción de Botella (1994) entre teorías objetivistas y constructivistas. Según Botella, el constructivismo se distingue del objetivismo en su visión del ser humano, del mundo, del conocimiento y de la justificación. Respecto al ser humano, el objetivismo lo ve como pasivo, reactivo y aislado del medio social, y el constructivismo como proactivo, propositivo y en relación dialéctica con su entorno. La visión del mundo en el objetivismo es mecanicista, mientras en el constructivismo es organicista o contextualista. En la visión del conocimiento quedan opuestos, según Kelly (1955/1991), el "fragmentalismo acumulativo" y "el alternativismo constructivo". En cuanto a la justificación del conocimiento (valor epistemológico), el objetivismo mantiene la verdad como único criterio válido y fiable, mientras el constructivismo se basa en un criterio pragmático, de uso o de utilidad. Estos cuatro criterios de clasificación nos han de servir ahora para determinar si podemos considerar la teoría de Alfred Adler una teoría constructivista.
1. Visión del ser humano
Como ya hemos comentado, Adler tiene una visión holística del ser humano. Mientras Freud, con su concepción orientada a la biología accepta tácitamente un positivismo mecanicista y reduccionista e intenta dar explicaciones empiristas-causales, buscando acontecimientos y causas objetivas en el pasado de la persona, Adler se aleja de esta idea manifestando que la persona está guiada por
a) una fuerza creativa inherente (los constructivistas Maturana y Varela (1980) la llaman auto-poiesis, siguiendo un concepto de Aristoteles)
b) ficciones (en adhesión a Vaihinger (1911/1965), a quien se remiten también los constructivistas): Las ficciones, aunque no tienen una correspondencia con la realidad, tienen una utilidad pragmática y se consideran imprescindibles para la vida humana.
d) el sentimiento de comunidad (o falta de ello): Bajo el concepto de sentimiento de comunidad o sentimiento social (Gemeinschaftsgefühl en alemán, common sense o social interest en inglés; Adler usa la expresión inglesa common sense también en el idioma alemán de aquella época) se entiende que la persona es un ser social, y la manera de interactuar con los demás es de suma importancia. El sentimiento de comunidad es una posibilidad innata que se ha de desarrollar a lo largo de la infancia. Tener sentimiento social significa sentirse parte de la comunidad humana, sentirse incluido, tener el deseo de contribuir al bien común. El grado de sentimiento social determina la adaptación del individuo a la comunidad y su salud mental (o su normalidad). Pero también es una escala para medir si una determinada acción o determinado pensamiento es racional (vernünftig). Con referencia a Kant y la definición que da este de la razón (Vernunft, en contraposición a entendimiento - Verstand -, citado en Fullat, 1984), Adler manifesta: "Por razón entendemos, con Kant, un proceso que tiene valor universal. Racional es, entonces, lo que se entiende por common sense." (citado en Ansbacher y Ansbacher,1975, p.154.)
Entender a una persona significa, como ya hemos dicho, entender su organización cognitiva, su "estilo de vida" (Lebensstil). Este estilo de vida se forma en los primeros años de la infancia a través de sus experiencias y decisiones y elecciones creativas a estas experiencias; contiene sus cogniciones y ficciones que le ayudan a organizar, entender, predecir y controlar su experiencia a través de "apercepciones tendenciosas", el modo particular de cada persona de percibir el mundo y a sí mismo. Adler no niega la influencia de herencia y entorno en la persona, pero advierte que es de mayor importancia la respuesta personal de cada individuo a estos factores, que pueden restringir las posibles respuestas, pero nunca determinar su forma de pensar y sentir. Por eso Adler resta importancia a una explicación causal de la conducta, dando énfasis a las "causas finales", los objetivos, los fines que persigue una persona, conscientemente o inconscientemente (i.e. dándose cuenta de estos objetivos o no), y si queremos entender la conducta de una persona tenemos que entender a que fines aspira. Si estos propósitos son guiados por un sentimiento de comunidad y "orientados a tareas" (sachlich,, task-oriented), Adler habla de un individuo sano; el individuo "neurótico" (o maladaptado) tiene objetivos egocéntricos.
En resumen, Adler ve al ser humano como una totalidad, un ser social, proactivo, persiguiendo objetivos, e interactuando dialécticamente con su entorno. En este sentido, su visión del ser humano se puede considerar claramente constructivista. Lo que desconcierta es el concepto aparentemente objetivista o racional del sentimiento social que aparece como criterio absoluto de distinción entre sano y neurótico, "correcto" o "incorrecto". Este punto será discutido más adelante.
2. Visión del mundo
Adler hace muy poca referencia explícita a su particular visión del mundo, quizás porque para él, la realidad es básicamente una realidad y un mundo social, de interacción humana. Sólo en su última publicación mayor, El sentido de la vida,, de 1933/1980, Adler comenta, seguramente influido por los últimos descubrimientos de las ciencias llamadas exactas respecto a la relatividad, que si hasta en la física se está desmoronando el principio de causalidad dejando lugar a meros conceptos probabilísticos, él no puede acceptar un determinismo mecanicista en psicología, y se vuelca contra aquellos psicólogos que "producen sus dogmas en disfraces mecanicistas o fisicalistas" (p.23). Se puede decir con Titze (1979) que Adler ha superado el principio de la causalidad en psicología en acorde a una visión del mundo contextualista.
3. Visión del conocimiento
En lo que llamamos con Kelly (1955/1991) fragmentalismo acumulativo, el conocimiento es visto como representación directa o incluso copia del mundo real y se forma via acumulación de descubrimientos de hechos reales. El constructivismo, en cambio, considera el conocimiento como construcción de la experiencia y como invención de nuevos marcos interpretativos. Es un proceso que evoluciona constantemente mediante interpretaciones sucesivas (Feixas y Villegas, 1993).
Kelly (1955/1991), el primero en aplicar explícitamente el constructivismo a la psicología, llama constructos a los patrones que crea el ser humano para luego intentar adaptarlos a la realidad; el ajuste no siempre es muy bueno, pero sin estos constructos, estas formas de construir la realidad, el ser humano no sería capaz de encontrar sentido en el mundo. Pero una construcción absoluta no se puede conseguir, sólo aproximaciones sucesivas que luego se ponen a prueba respecto a su validez predictiva. Y todas estas interpretaciones se revisan constantemente.Ya hemos comentado arriba la similitud de esta concepción con las ficciones de Adler. Kelly afirma:
Kelly afirma que el ser humano forma constructos como representaciones hipotéticas de su universo para luego ponerlos a prueba con la realidad de este universo en términos de su "eficacia predictiva". Kelly pone el siguiente ejemplo:
En resumen, podemos constatar que la visión adleriana del conocimiento también es constructivista.
4. Visión de la justificación
Para el objetivismo existe el criterio de la verdad como valor epistemológico. La verdad existe y puede ser descubierta acumulativamente mejorando nuestros instrumentos de percepción. Traducido en términos psicológicos y psicoterapéuticos este postulado significa que hay un criterio que nos dice qué conducta, qué pensamiento, qué sentimiento, o qué constructo es correcto, sano o adaptado. El constructivismo no admite el criterio de la verdad como justificación del conocimiento. Ibáñez (1992) afirma:
El rol del terapeuta también es diferente en cada orientación: Si asumimos que el paciente tiene que erradicar sus conceptos erróneos y cambiarlos por unos más correctos, acceptamos también que el terapeuta, sólo por el hecho de ser terapeuta, está en posesión de la verdad: le enseña al paciente cuales son las visiones y las cogniciones más correctas que tendrá que adoptar para ponerse bien. Los psicólogos constructivistas rechazan esta noción de corrección o deformación y se vuelven en contra del papel del terapeuta como experto, primero porque nadie puede estar en posesión de la verdad en un mundo no cognoscible, y segundo porque el paciente puede ser manipulado y sometido al control del terapeuta (Neimeyer, 1994). En cambio, buscan una relación de igualdad, de "experto a experto" (Feixas y Villegas, 1993), renunciando a la autoridad del terapeuta para determinar en que consiste una conducta o un pensamiento correcto.
En lo que se refiere al rol del terapeuta adleriano, su actitud es de empatía, intuición y de hacer conjeturas (raten). Mediante la empatía y la intuición se intenta un entendimiento conjetural o hipotético del paciente. Si el cliente no accepta una interpretación determinada del terapeuta, el rechazo no se tilda globalmente como una forma de resistencia, sino se admite que la interpretación no puede ser válida para el cliente. El terapeuta no manda, sólo propone. Se puede decir que terapeuta y paciente construyen juntos la interpretación del problema y las propuestas de solución. Así también, se puede entender la práctica aparentemente "psicoanalítica" de la terapia adleriana de la interpretación de los recuerdos de la infancia. Para Adler, estos recuerdos no son indicadores de acontecimientos verdaderos causantes del trastorno actual. Adler mismo contó como anécdota (Rattner, 1972) que conservaba un recuerdo suyo en el cual salía un cementerio, pero en una posterior comprobación resultó que este cementerio nunca había existido.
En cuanto al criterio de la verdad, Adler parece con su concepto de sentimiento de comunidad, a primera vista, caer en el apartado "racionalista" de la definición de Mahoney, por lo tanto, en el punto clave, el de la justificación del conocimiento, la teoría de Adler no sería constructivista. Si fuera así, este aspecto desmoronaría toda la concepción de la Psicología Individual como teoría constructivista: Tenemos que admitir que Adler habla no sólo de ficciones y objetivos "erróneos" (irrtümliche Ziele), sino hasta de cogniciones "antisociales" (cuando en el paciente hay una acusada falta de sentimiento de comunidad y persigue objetivos puramente egocéntricos). Adler dice apodícticamente: "Realidad es sociedad, es comunidad" (citado en Ansbacher y Ansbacher, 1975, p. 140) y habla de la "lógica férrea de la convivencia" (Adler, 1927/1981). Como ya hemos comentado más arriba, para Adler sí que existe un criterio de verdad y de racionalidad: el sentimiento de comunidad; cuanto más common sense encontramos en una conducta o un pensamiento o sentimiento, más correcto es, y más psíquicamente sana es la persona. El neurótico, según Adler, se caracteriza por su falta de sentimiento de comunidad. La terapia adleriana consiste, básicamente, en un objetivo principal: descubrir los fines fícticios erróneos y animar al paciente de cambiarlos por otros más acordes con el common sense (que pueden ser igualmente ficticios). Pero, como constata Master (1991), cuando descubrimos estos errores en el estilo de vida del paciente, no hemos descubierto "la verdad". Simplemente hemos construido una forma de entender los problemas del cliente en un contexto social; después podemos co-crear con él otras "ficciones" que le ayudan a interactuar mejor con su entorno. Estas ficciones alternativas también se ponen a prueba en la vida real del paciente por su viabilidad, y es el cliente que tiene que acceptar tanto la interpretación de "cognición errónea" como la funcionalidad de la construccion alternativa. Respecto al sentimento de comunidad como criterio de la verdad, Adler afirma:
Además, el significado del sentimiento de comunidad puede variar de sociedad en sociedad y a lo largo de los tiempos, no es un valor eterno e inamovible; está sujeto a cambios y se forma y se modifica en la interacción social. Adler afirma:
En resumen, podemos considerar la Psicológia Adleriana como una teoría constructivista en cuanto a los cuatro criterios que hemos establecido (visión del ser humano, del mundo, del conocimiento y de la justificación) y ponerla en un lugar bajo el techo metateórico de otras escuelas constructivistas. Esta conclusión justifica que puede ser provechoso mantener el interés en este autor poco conocido en España. También puede ser interesante estudiar las posibilidades de una fertilización mútua en el sentido de una integración teóricamente progresiva de la psicoterapia, tal como la propone Neimeyer (1992). Según este modelo, dos sistemas de psicoterapia que muestran una compatibilidad metateórica, pueden dar lugar a una fertilización mútua o incluso a una síntesis, aunque trabajen con estrategias y técnicas distintas. Se podría p.ej. investigar, en qué medida la utilización de la técnica de la rejilla de Kelly puede ser útil para sistematizar la evocación de las ficciones en una terapia adleriana. También se puede estudiar un mayor uso de recuerdos de la infancia como técnica narrativa en terapias constructivistas, o interesarse más por la finalidad que tiene un determinado síntoma dentro del sistema de constructos de una persona.
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