Los procesos psicológicos en la hipocondría

En esta página se explicitan los procesos psicológicos que surgen en la hipocondría y la sustentan y mantienen. Se explica como el miedo a que ciertas sensaciones sean indicio de enfermedad grave y el deseo de eliminarlas se vuelve contra la persona generando lo que conocemos como hipocondría y en niveles más bajos como aprensión

Los procesos subyacentes en la hipocondría

Basándose en la terapia de aceptación y compromiso, el "Curso Terapéutico de Aceptación I y II" presenta los procesos psicológicos que subyacen en muchos trastornos psicológicos. En concreto da unos ejemplos claros de cómo se puede generar una hipocondría cuando queremos no sentir determinadas sensaciones:

Eliminar nuestras sensaciones: hipocondría

En las sensaciones rige una ley similar a la que hemos citado con los pensamientos: cuando no queremos sentirlas, permanecen. Por ejemplo, cuando estás leyendo estás líneas, el resto de lo que tienes alrededor seguramente no existirá para ti, pero en realidad puedes percibirlo, quizás con menos nitidez y claridad porque no está en tu foco de atención, pero está ahí. Y ahora que se te ha llamado la atención sobre ello, seguramente no podrás dejar de darte cuenta del resto de la página, ni de todo lo demás que ves, de todos los estímulos que llegan a ti desde lo que te rodea, más allá de estas líneas. Si luchas para conseguir no notarlos, se harán más presentes, siguiendo la misma lógica de lo que ocurre con nuestros pensamientos. Si alguno de los elementos que hubiese cerca de ti fuera un tigre suelto, las posibilidades de apartar la vista de él serían mucho más pequeñas. Solamente cuando no nos importa percibir algo, pueden venir otros estímulos a sustituirlo o podemos elegir fácilmente otro foco para nuestra atención.

Es más fácil huir de las sensaciones externas que de las internas. Por ejemplo, para dejar de ver algo que nos desagrada podemos girar la cabeza y no mirar. Las internas las llevamos dentro y no podemos dejar de sentirlas. Veamos otro ejemplo: hasta este momento seguramente no notábamos que teníamos lengua, pero nada más mencionarla se hace presente y la sentimos claramente y no podremos olvidarla por mucho que nos esforcemos. Si nos empeñamos en dejar de sentir la lengua, no lo conseguiremos. Solamente dejando cualquier lucha para olvidarla y dedicándonos a lo que estábamos haciendo, la sensación dejará nuestra conciencia en unos momentos.

Hipocondría

Ante una determinada sensación nos puede ocurrir que el nombre que nos venga a la mente sea muy amenazador. Podemos pensar, por ejemplo: “¿Y si fuera un cáncer?”. Si, para no sentir ansiedad, caemos en la tentación de querer asegurarnos cien por cien de que no es así podemos empezar a chequear frecuentemente si la sensación está o no presente. Sabemos que si la sensación está, por mucho que chequeemos no se va a ir. Es más, que si la buscamos la encontraremos, como nos ocurre con los picores. Veamos, por ejemplo, cómo el estar vigilantes para comprobar el funcionamiento del corazón puede introducirnos en uno de esos círculos viciosos: supongamos que notamos algo raro en nuestros latidos y dirigimos toda nuestra atención a ellos para comprobar que no nos va a dar un infarto. Al incrementar nuestra atención para detectar un peligro solemos detener la respiración. Cuando detenemos la respiración durante un rato, disminuye el oxígeno disponible en nuestro cuerpo y el corazón ha de latir más deprisa para mandar la cantidad de oxígeno que requieren nuestros músculos, posiblemente aumentada por la tensión que tenemos en ese momento. Al sentir más latidos, temeremos más el infarto e incrementaremos la atención, entrando así en un círculo vicioso. Podemos tomar medidas más serias, como acudir a un médico para que nos diga que no es nada. Cuando lo haga, puede que nos quedemos tranquilos y que dejemos de observarnos. Pero, si seguimos intentando estar absoluta y completamente seguros, pronto volverán nuestras dudas, porque la sensación está ahí; aunque nos han dicho que no era nada no nos han dado explicación para ella y nuestro miedo nos impulsará a seguir pensando que puede ser un cáncer. Es posible que pensemos que el médico no ha sido capaz de entendernos, que no le hemos dado toda la información, que ha pasado un tiempo y que puede que ahora se haya desencadenado la enfermedad o que no nos ha hecho la prueba adecuada. Nos habremos convertido en aprensivos o hipocondríacos.

Ejercicios para vencer la aprensión y la hipocondría

Con base en los procesos descritos y tomando como referencia la terapia de aceptación y compromiso, el "Curso Terapéutico de Aceptación I y II" incluye una serie de ejercicios ordenados que fomentan la flexibilidad psicológica necesaria para no caer en la hipocondría, la aprensión y otros trastornos psicológicos.

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