Angel Marín Tejero - Psicólogo Clínico - C/ Princesa nº. 3 Dpdo. Apto. 218 Madrid 28008 - Teléfono Móvil: 609 00 55 18  amarin@cop.es

AUTOESTIMA

Autoestima, entendida como la valoración que hacemos de nosotros mismos. Una buena o mala autoestima es la base de nuestros logros y de nuestros fracasos.

A veces, está tan dañada que parece difícil recuperarla, más, pensemos que es posible.

Daños orgánicos aparte, por accidente o enfermedad biofisiológica, permítaseme ésta parcelación explicativa, los principales daños que sufrimos en nuestro componente anímico, son los referidos a nuestra autovaloración, y ésta está en gran medida influida por la que recibimos de los demás.

Lo social.-

No olvidemos que somos animales sociales, para bien y para mal, casi todo lo que nos sucede tiene que ver con los demás; los otros influyen en nuestra forma de ser de manera importantísima, sociópatas excluidos.

Nuestra valoración social en principio puede no existir, o ser una valoración abstracta ..."es bueno que nazcan niños". La valoración primero la recibe la madre y como consecuencia la recibimos nosotros, que al principio pudiera parecer que sólo somos una extensión umbilical.

La madre.-

Si nuestra madre es feliz, nosotros seremos felices, si nuestra madre es alegre y confiada, nosotros también lo seremos, quizá ésta identificación sea algo más que un contagio o un aprendizaje. La felicidad de la madre aporta alegría, sentimientos de aceptación y seguridad a los que la rodean, sembrando y abonando el terreno para el crecimiento de sus hijos.

Una madre que no acepta o no se ocupa de sus hijos, está sumergida, casi con toda seguridad en un mar de conflictos personales que se lo impide, y tal vez incapaz de tomar decisiones también debido a sus propias carencias. Hágase extensivo ésto al padre, en su debido momento.

Nosotros.-

De modo que el hecho de que un niño se sienta valorado y querido, cimientos de la seguridad del adulto, se ve influido por multitud de variables, la mayoría de las cuales quedan fuera de su control.

El primer año de nuestra vida es decisivo para saber si nos quieren en el juego de la vida, o si somos un estorbo, pero después no nos acordaremos de lo que pasó tan al principio; es más fácil que nos acordemos de lo que sucedió más tarde.

La alimentación obtenida.-

El camino de la infancia a la adolescencia puede ser una carrera de obstáculos, y al lado de cada uno de ellos, encontrar un adulto diciendo... " ¡ venga, no te preocupes, tu puedes ! ", ..." ¡ yo te ayudo ! ", .... "te queremos", ..."mira, ésto se hace así", etc. ; o diciendo ... " ¡ eres una calamidad, nunca haces nada bien ! ", ...."¡lástima que no te ahogé el día que naciste, tanto tiempo perdido para nada!", "¡ solo sirves para comer ! ", ... "¡haces más daño que vales!", ... o lindezas similares, dichas sin mucha reflexión, pero con el consiguiente impacto en la autoestima del niño - adolescente.

Proceso de recuperación.-

Uno va creciendo con aquello de lo que puede alimentarse, al menos hasta llegar a una cierta edad, llegada la cual, y si no se está muy dañado, puede empezar a alimentarse por sí mismo y a determinar de que se quiere nutrir y en que dirección crecer. Siempre sin olvidar las limitaciones que impone nuestra biología y nuestra sociedad.

Limpieza.-

Llega el momento, si queremos saber porque nos sentimos mal, de vomitar todo aquello que se ha tragado sin crítica, sin más, simplemente porque venía de nuestros padres o superiores, o porque según la costumbre era lo esperado de nosotros. Llega el momento de darse cuenta que está ahí, formando parte de nosotros mismos, de nuestra manera de ser.

Elegir - decidir ...

Ahora hay que ver qué es lo que queremos que forme parte de nuestra vida y qué es lo que no queremos. Llega la hora de infinidad de pequeñas o grandes elecciones, decisiones todas ellas conscientes, bien masticadas antes de tragarlas y aceptarlas.

De estas decisiones pueden plantearse cambios, y todo cambio implica perdidas y ganancias, "pura economía" diría uno de mis profesores. Éste balance entre pérdidas y ganancias, por supuesto es totalmente dependiente de la subjetividad del que tiene que valorar. La indecisión se plantea cuando el fiel de la balanza está en el medio sin decantarse claramente hacia un lado o hacia el otro; y aún teniendo un lado bien marcado, es posible que la inercia, que al fin y al cabo tiene la ganancia de no hacer ningún esfuerzo, deje al conflictuado en la misma situación en la que estaba; eso si, con un aumento de conciencia sobre sí mismo.

Trabajar.-

Es en este trabajo de saber el paciente sobre sí mismo en el que está el psicólogo coadyuvando en el proceso de crecimiento, de renovación, de terapia. Recorriendo el camino con el paciente y señalando las dificultades que van surgiendo, e investigando posibles alternativas.

La necesidad de realizar este trabajo de regeneración, está en relación directa al malestar sentido por el paciente.

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Angel Marín Tejero - Psicólogo Clínico - C/ Princesa nº. 3 Dpdo. Apto. 218 Madrid 28008 - Teléfono Móvil: 609 00 55 18  amarin@cop.es