
Francisco Márquez Pérez
Colegiado AN6176
Grupo de Violencia de Género de la Delegación de Huelva
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La violencia de género ha sido de siempre un problema latente en las relaciones entre hombres y mujeres, estableciéndose entre ambos relaciones asimétricas que relegaban a la mujer a un segundo plano de la vida social. Los distintos cambios sociales, la incorporación de la mujer al mercado laboral y la reivindicación de estas por la igualdad han posibilitado que este problema latente y preservado en la privacidad del hogar, haya emergido al exterior y se haya hecho patente, obligando a la propia sociedad al abordaje del mismo.
En estas dos últimas décadas, en contra de lo que pudiera parecer por el elevado número de denuncias, se ha avanzado cuantitativa y cualitativamente en la lucha contra esta lacra social. Considero que el aumento de las denuncias por parte de la mujer, no pone de manifiesto el incremento de la violencia, sino el avance en la dignificación de la mujer que afortunadamente camina hacia la tolerancia cero ante la violencia del hombre contra ellas. Sin embargo, este avance, es solo eso, un avance, tenemos que ser consciente que a la sociedad en general nos queda un gran camino que recorrer hasta conseguir erradicar por completo este problema. Para ello se hace necesario el análisis continuado de las variables causales que la genera y el análisis y perfeccionamiento de los programas de prevención e intervención que hasta el momento se están llevando a cabo.
En esta tarea deberíamos avanzar fundamentalmente en tres aspectos; por un lado considerar que tanto la formación como la intervención puntual, tiene una escasa incidencia en la solución, por lo que tenemos que apostar por una formación e intervención continuada, compatibilizando la transversalidad y la longitudinalidad de los programas y de las actuaciones a todos los niveles.
Por otro lado se hace necesario no solamente la participación de la sociedad en general, sino, una mayor coordinación entre los agentes implicados; familia, escuela, instituciones jurídicas, etc. Y un tercer aspecto sería, fomentar la participación e implicación del hombre en la solución del problema, así como no reducir la intervención con los maltratadores a la fiscalización y penalización de sus actos.
En este artículo me gustaría centrarme en la figura del maltratador como “protagonista” principal de esta dramática realidad humana o mejor dicho inhumana.
Poco avanzaríamos si nos limitamos a contrarrestar los síntomas provocados por un virus, si no buscamos el antídoto que erradique al propio virus. Educar en igualdad desde las edades más tempranas es sin lugar a dudas la intervención más eficaz para erradicar las conductas sexistas y machistas que hasta nuestros días mantienen la falsa creencia o percepción de la inferioridad de la mujer con respecto al hombre.
La educación y prevención han de ser los pilares básicos contra la violencia de género. Estas actuaciones de atención primaria o preventiva se están desarrollando a través de programas educativos dirigidos principalmente a las dos más importantes instituciones socializadoras del niño; la familia y la escuela. Las carencias en este tipo de intervención y la necesidad de una formación continuada desde el primer ciclo escolar hasta finalizar la Enseñanza Secundaria Obligatoria, sería motivo de una reflexión más profunda. A pesar de estas carencias y aún cuando la violencia se sigue produciendo en las nuevas generaciones, las expectativas respecto a estas que están formadas en igualdad son más halagüeñas que las que proceden de generaciones anteriores educadas en una sociedad machista.
Con todo ello una vez que se produce un acto de violencia de género, no podemos reducir la actuación con el maltratador a la mera fiscalización y penalización de sus actos, ya que estas medidas penales no han demostrado ser lo suficientemente disuasorias, y en algunos casos han resultado ser contraproducentes para detener el maltrato (Echeburúa y Fernández-Montalvo, 1997), más aún, cuando los recursos de los que se dispone son escasos para hacer cumplir las sentencias de los jueces que conllevan una sustitución de la pena de prisión por la participación en programas de intervención para hombres acusados de violencia contra la mujer.
Debemos trabajar y profundizar en la necesidad de mejorar e implantar estos programas en las distintas instituciones y colectivos sociales para posibilitar una reinserción social y/o familiar que garantice la no recidivancia de la violencia en estos sujetos, siendo estos de obligado cumplimiento en Instituciones penitenciarias por parte de los maltratadores.
Los estudios valorativos en cuanto a la eficacia de los programas de intervención para maltratadores, arrojan distintos resultados, Crowell, N. y Burguess, A. W. (1996)consideran que de los estudios realizados se desprende que los tratamientos son una medida eficaz para la prevención de la violencia doméstica, en contrapartida, Jacobson y Gottman (1998) mantienen una perspectiva más crítica. En España las evaluaciones en este tipo de intervenciones son muy reducidas, sin embargo, las realizadas ofrecen resultados favorables (Echeburua y Del Corral, 1998).
Sin lugar a dudas todo el trabajo que se realice con los maltratadores redundará en beneficios para las víctimas ya que la ayuda a estas no evita que el maltratador vuelva a ejercer malos tratos en sus futuras relaciones.
Referencias bibliográficas:
- Echeburúa, E. y Fernández-Montalvo, J. (1997). Tratamiento cognitivo-conductual de hombres violentos en el hogar.
- Crowell, N. y Burguess, A. W. (1996). Understanding violence against women.
- Jacobson, N. y Gottman, J. M. (1998). When Men Batter Women: New Insights into Ending Abusive Relationships
- Echeburúa, E. y Corral, P. (1998). Manual de violencia familiar.
Recidivancia: Reaparición de algo que aparentemente había remitido. |