Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos

ISSN 211-7851

Octubre , numero 29 , 2006

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IDENTIDAD DE GÉNERO Y SALUD MENTAL


CRISTINA GARAIZÁBAL


Psicóloga especializada en Terapias de Género

 

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Recientemente el Consejo de Ministros ha aprobado un Proyecto de Ley Reguladora de la Rectificación Registral de la Mención Relativa al Sexo de las Personas en el que se reconoce el derecho de las personas transexuales a cambiar su sexo legal, para que éste se corresponda con la identidad de género que reclaman como propia.

Esta medida no hace más que reconocer un derecho que el colectivo transexual viene reivindicando desde hace tiempo: la necesidad de adecuar el sexo legal al sexo social y psicológico con el que se expresan. Es una cuestión de justicia, una reivindicación elemental que, sin embargo, ha costado tiempo conseguir y que, aún hoy, despierta muchas incomprensiones entre algunos sectores sociales. Este Proyecto es, sin duda, un paso adelante muy importante en el camino para acabar con las discriminaciones que sufren las personas transexuales en nuestra sociedad. No obstante, aún queda mucho por hacer para que la transexualidad sea vista con normalidad.

La existencia de personas transexuales representa un desafío a la rígida división de géneros establecida en nuestra sociedad, un desafío a la idea de que sólo se puede ser hombre o mujer. Así mismo, la transexualidad cuestiona la idea de la supuesta naturalidad de los géneros, es decir, que nacer macho de la especie humana implica de manera natural sentirse hombre y nacer hembra supone sentirse mujer.

Las personas que no se identifican con el género que socialmente se corresponde con el sexo biológico de nacimiento, son vistas como patológicas o enfermas, pues se presupone que la identidad de género está determinada biológicamente por el sexo y que ambos géneros son dicotomías, entre las cuales no puede existir nada. Como dice Foucault en el prólogo de Herculine Barbin: "Las teorías biológicas de la sexualidad, las concepciones jurídicas sobre el individuo, las formas de control en los Estados modernos han conducido paulatinamente a rechazar la idea de una mezcla de los dos sexos en un solo cuerpo y a restringir, en consecuencia, la libre elección de los sujetos dudosos. En adelante, a cada uno un sexo y uno sólo. A cada uno su identidad sexual primera, profunda, determinada y determinante; los elementos del otro sexo que puedan aparecer tienen que ser accidentales o, incluso, puramente ilusorios… Desde el punto de vista del derecho esto implica, evidentemente, la desaparición de la libre voluntad de elegir".

A mi modo de ver, la transexualidad sería una de las múltiples formas posibles del desarrollo de la identidad de género, que pone en cuestión la necesidad de que obligatoriamente tenga que existir una correspondencia entre el género y la genitalidad o la práctica sexual. La patologización que socialmente se hace de la transexualidad es una fuente de sufrimiento para las personas transexuales, lo que conlleva que, muchas veces, recurran a los profesionales de la salud mental.

El papel atribuido al profesional de la Psicología, tanto en la literatura médica, en la jurisprudencia, como entre el propio colectivo transexual que acude demandando una intervención de cambio de genitales, suele ser el de decidir si se puede acceder o no a ésta, según se reúnan los requisitos que determinen quién es "verdadero" transexual y quién no lo es. Por varios motivos, no comparto la idea de atribuir al profesional de la Psicología el poder de decisión sobre la operación.

En primer lugar, porque desconsidera el derecho inalienable de las personas a decidir sobre su vida, su género y su cuerpo de manera responsable, es decir, con la máxima información y asumiendo las consecuencias de sus decisiones. Pero, además, hay que tener en cuenta que no existen pruebas diagnósticas objetivas ni fiables que determinen quién es verdaderamente transexual. Como mucho, podemos atenernos a su historia de vida. De hecho, la confirmación definitiva de un diagnóstico transexual es el test de la vida real, es decir, cuando la persona vive y actúa socialmente desde el género deseado y encuentra en ello un alivio a su malestar psicológico.

Por estas razones, me parece importante que la decisión última sobre la intervención esté en manos de la persona transexual y no de los profesionales médicos o psicólogos. Únicamente en caso de existencia de una patología contraria a la intervención, ésta debe ser claramente desaconsejada por nosotros. Si no hay patologías y nos encontramos ante la fuerte convicción de la necesidad de ser sometidos a la intervención de cambio de genitales, debemos aspirar -como profesionales- a que esta determinación sea lo más responsable posible y esté basada en márgenes de libertad más amplios, de manera que la operación no sea tanto una necesidad imperiosa y obligatoria, como una opción tomada después de poder valorar otras opciones posibles.

En muchos de los criterios utilizados para diagnosticar la transexualidad parece existir una confusión teórica y metodológica entre rol de género e identidad. Esta confusión ha llevado a que muchas veces se utilicen como pruebas diagnósticas escalas de feminidad y masculinidad ancladas en estereotipos de género, absolutamente desfasados hoy en día (véase, como ejemplo, la escala de M-F del MMPI).

Las personas transexuales que acuden a los profesionales de la salud mental pueden hacerlo en fases muy diferentes de su proceso vital. En los casos en los que acuden con el proceso de transexualización casi concluido, nuestra labor ha de clarificar las expectativas depositadas en la intervención quirúrgica de reasignación de sexo, para que éstas sean realistas.

Cuando vienen desde el principio, tenemos que tener en cuenta que, a menudo, el diagnóstico es un proceso a través del cual la persona va definiendo su propia identidad. Nuestra tarea, en estos casos, es acompañar en este proceso y ayudar a que la persona se manifieste socialmente tal y como se siente, actuando desde el género que siente como propio. En algunas ocasiones nos encontramos con personas con una gran confusión identitaria. En estos casos es importante ayudar a clarificar cuál es el deseo y la convicción personal íntima, siendo importante tener en cuenta que no todas las crisis de identidad de género implican un caso de transexualidad.

Algunas veces estas crisis tienen que ver con no adecuarse a los modelos de masculinidad y feminidad tradicionales. No se resuelve, pues, con hormonas y cirugía, sino con cambios en las mentalidades y las ideas sobre lo que está, o no, permitido a hombres y mujeres.

En última instancia, tenemos que ser conscientes de que estamos ante una problemática bastante novedosa que implica estudio, reflexión y despojarnos de esquemas mentales cerrados, atreviéndonos a ahondar en las vicisitudes del deseo, haciéndonos cargo de las incertidumbres que ello conlleva.

NOTAS

Cristina Garaizabal es psicóloga clínica, experta en Terapias de Género. Defensora de los derechos de las llamadas minorías sexuales, ha escrito un buen número de artículos sobre transexualidad e identidad de género y es co-autora de los libros Transexualidad, transgenerismo y cultura. Antropología, identidad y género y La búsqueda de una identidad.

APROBADO EL ANTEPROYECTO DE LEY QUE PERMITIRÁ CAMBIAR LA INSCRIPCIÓN REGISTRAL DEL SEXO, PREVIO INFORME PSICOLÓGICO O MÉDICO COLEGIADO

El Consejo de Ministros aprobó el viernes 2 de junio de 2006 el Anteproyecto de Ley de la futura Ley de Identidad Sexual, que permitirá a los transexuales poder modificar los datos referentes a la adscripción al sexo biológico de nacimiento.

Esta ley, que tendrá carácter retroactivo, permitirá cambiar los datos en el Registro Civil de aquellas personas que hayan podido acreditar, mediante informe médico o psicológico colegiado, el diagnóstico de "disforia de género" y haber estado recibiendo tratamiento médico, al menos, durante dos años para acomodar su físico biológico a su identidad genérica.

En la exposición de los motivos argumentados en el Proyecto de Ley se alude a que la transexualidad, entendida como un cambio de identidad de género, ha sido ampliamente estudiada por la Medicina y la Psicología y que se trata de una realidad social que requiere de "una respuesta legal para garantizar el libre desarrollo de la personalidad y la dignidad de las personas, cuya identidad de género no corresponde con el sexo con el que inicialmente fueron inscritas en el Registro Civil".

En este sentido, el papel de la Psicología es de crucial importancia, tanto a la hora de ofrecer un diagnóstico necesario por ley, para proceder a este cambio de registro, como a la hora de ofrecer el tratamiento psicológico oportuno que, en cada caso, acompañe al cambio de sexo.


 

 
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