Según la Asociación Americana de Psiquiatría,
entre el 1% y el 3% de la población padecen trastornos de la alimentación.
Sin embargo, los expertos opinan que el porcentaje seguramente es aún
mayor, ya que existe un alto número de enfermos no diagnosticados. En
España, donde hasta hace unas décadas eran enfermedades excepcionales,
ya ocupan el tercer lugar entre los adolescentes. Además, aunque la mayoría
de los pacientes son mujeres de entre 15 y 24 años, cada vez afecta a
más varones y se amplía el periodo de edad. De hecho, el 5% de
los casos afecta a menores de 12 años. Walter Vandereycken reflexiona
sobre los trastornos alimenticios y nos presenta su conferencia del 9º Congreso
Europeo de Psicología que se celebrará en Granada.
Paz Martínez: Usted es uno de los conferenciantes
del 9º Congreso Europeo de Psicología. El título de su conferencia
es: "El tratamiento de los desórdenes alimenticios: de la evidencia
a la experiencia". ¿Podría adelantarnos un poco de qué nos
hablará en el Congreso?
Walter Vandereycken: Bueno, mi conferencia podríamos
decir que es una revisión sobre el tratamiento de los desórdenes
alimenticios en la que abordaremos diferentes aspectos como: cuándo sí
y cuándo no es necesario un ingreso hospitalario, qué significa
el objetivo de restablecimiento de peso, cuáles son las contraindicaciones
de la farmacología, qué tipo de psicoterapia debe ser empleado,
si la familia también debe recibir algún tipo de tratamiento,
si el esfuerzo personal del paciente es posible, etc. y para cada uno de estos
temas compararé la evidencia científica disponible con mi propia
experiencia clínica.
P.M: La sociedad occidental está obsesionada con
el canon de belleza de la delgadez, ¿Cree que esta obsesión, mayoritaria
entre las mujeres, tiene algún tipo de relación directa con un
aumento en la incidencia de desórdenes alimenticios?. Parece que la incidencia
de hombres es mucho menor ¿por qué?.
W.V: Bueno, la preocupación por el aspecto corporal
se centra mucho más en cuestiones de forma y peso entre las mujeres que
entre los hombres. Por otra parte, cuando las mujeres no se ven bien y se sienten
descontentas con su peso se inclinan más fácilmente a hacer dietas
de adelgazamiento, este cambio en los patrones alimenticios puede constituir
el primer paso hacia un desorden en la alimentación. En cambio, los hombres
cuando están descontentos con su aspecto físico suelen recurrir
más a la actividad física para intentar cambiar la musculatura
corporal sin cambiar mucho el patrón alimenticio. Esto explica porqué
los hombres están más alejados en cuanto a factores de riesgo
de la posibilidad de tener un desorden alimenticio.
P.M: En alguna ocasión usted ha dicho que los desórdenes
alimenticios deberían ser tratados como adicciones, ¿podría explicarnos
más este punto?
W.V: Comparo los desórdenes alimenticios con
las adicciones porque creo que existen algunas características compartidas,
por citar algunas: el fuerte deseo de pérdida de peso de alguna manera
se conecta con una preocupación abrumadora con el alimento y el comer
que puede conducir a un impulso incontrolable por comer (borrachera de comida
o bulimia). Además, los pacientes con trastornos alimenticios no tienen
en cuenta el riesgo que supone su comportamiento y la tendencia general es que
suelen negar o minimizar la seriedad de sus problemas. También suelen
ocultar a menudo su comportamiento (por ejemplo sus vómitos) creando
una especie de "vida secreta". Por último, al igual que en
el tratamiento de las adicciones, el objetivo final de la psicoterapia es que
el paciente sea capaz de controlar su propia salud.
P.M: También ha comentado que los pacientes que sufren
trastornos alimenticios deben ser tratados, siempre que sea posible de forma
ambulatoria. ¿En qué casos estaría recomendado un tratamiento
ambulatorio y en cuáles estaría recomendado un ingreso hospitalario?
W.V: Las posibilidades terapéuticas dependen
en gran medida del momento de intervención: cuanto antes se detecta el
problema (diagnosis) y antes se realiza la intervención (tratamiento)
mejores son las probabilidades de alcanzar buenos resultados. El tratamiento
en principio debería darse en un régimen de no internamiento hospitalario.
Creo que el ingreso hospitalario debería ser la excepción ya que
el problema fundamental que se deriva de este régimen es el gran aislamiento
social dentro de un ambiente totalmente artificial que, si no se liga a un buen
programa del cuidado posterior, falla y a menudo puede dar lugar a rápidas
recaídas.
P.M: Muchas veces el ingreso hospitalario se produce sin
que el paciente quiera la entrada, ¿cuáles son las consecuencias de esto
para el paciente y la efectividad del tratamiento?
W.V: Por supuesto depende mucho de la voluntad y motivación
del paciente el poder cambiar su propio comportamiento. Por lo tanto, una de
las primeras cosas en las que hay que centrarse es en aumentar el conocimiento
del paciente respecto a sus problemas y tener presente que ellos temen perder
el control sobre su alimentación y su peso. Los tratamientos que se realizan
en contra de la voluntad del paciente sólo son aceptables en casos de
importantes riesgos muy serios para la salud. ¡La buena psicoterapia supone
siempre colaboración!.
P.M: Podría contarnos cuáles son los últimos
descubrimientos en materia de trastornos alimenticios en cuanto a tratamientos
e investigación científica.
W.V: A lo largo de estos años recientes los estudios
han encontrado un cierto vínculo genético entre los desórdenes
alimenticios y los rasgos de temperamento y personalidad: como por ejemplo el
perfeccionismo y la evitación del dolor que se da en las anoréxicas
o la impulsividad y la búsqueda de sensaciones principalmente en bulímicas.
Esto puede explicar la comorbilidad a menudo encontrada entre la anorexia nerviosa
y el trastorno obsesivo-compulsivo y entre la bulimia y los desórdenes
del control de impulsos y el abuso de sustancias. El tratamiento farmacológico
puede ser beneficioso para la bulimia (no para la anorexia) pero ha de combinarse
con psicoterapia para ser eficaz, si es posible una terapia cognitivo conductual
o terapia interpersonal porque tienen los mejores resultados a largo plazo.
P.M: ¿Cuál es el rol del psicólogo con los
pacientes y sus familias?
W.V: En general, el psicólogo debe construir
una relación de confianza con el paciente de forma individual. En el
caso de los menores de edad, los padres desempeñan un papel muy importante,
deben estar implicados de una manera u otra porque los desórdenes alimenticios
se relacionan a menudo con las tensiones y los conflictos intrafamiliares (que
pueden ser causa y consecuencia del trastorno alimenticio). Por lo tanto, en
pacientes jóvenes es recomendable combinar la terapia individual del
paciente con un cierto asesoramiento de los padres (que puede llevar a cabo
otra persona que no sea el propio terapeuta individual).
P.M: ¿Cómo podemos prevenir los trastornos alimenticios?
W.V: Se ha escrito mucho sobre prevención, pero
realmente antes de poder aplicar la prevención primaria tenemos que saber
exactamente cuáles son los factores de riesgo y por qué la mayoría
de chicas y de mujeres están ‘protegidas ‘ contra el desarrollo de un
trastorno de la alimentación. En este momento el acercamiento más
realista es la prevención secundaria, que significa la detección
temprana de personas en riesgo o en los primeros momentos del desorden. La detección
temprana se puede mejorar especialmente en las escuelas y por supuesto en las
consultas médicas. Los médicos de cabecera deben recibir mayor
formación para reconocer este tipo de desórdenes.
P.M: Podría añadir algún otro tipo
de información sobre este tema que sea de interés para los psicólogos
españoles?
W.V: Claro que sí. La Psicología está
siendo cada vez más una profesión de la mujer. Por lo tanto, de
cara a los trastornos alimenticios, las psicólogas pueden enfrentarse
con algunas cuestiones personales como si el paciente fuese un espejo reflectante
de ellas mismas. Las psicólogas deben estar atentas a esto porque puede
darse una sobre identificación con el paciente o su contrario: rechazo.
Los desórdenes alimenticios tienen también una fuerte connotación
cultural y por lo tanto pueden ser considerados como espejo de la sociedad actual.
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